Hablemos del FOMO
Ahora que casi todo el mundo ha vuelto de vacaciones, es momento de hablar del FOMO. Otro día hablaremos de la necesidad de usar acrónimos para todo.
FOMO son las siglas de Fear of Missing Out. Traducido un poco a lo Tarzán, significaría "miedo a quedarse fuera" o "miedo a perderse algo". Es uno de los grandes males de la gente joven (y no tan joven) desde la aparición de las redes sociales de uso masivo. Recalco masivo porque nadie tenía FOMO en los primeros años de Internet o en la época de la mensajería temprana.
Pero, a ver, ¿qué narices es esto del FOMO? Pues muy sencillo. La sensación de que todo el mundo está haciendo cosas emocionantes y tú te lo estás perdiendo (es una de las causas principales del uso excesivo del teléfono). Y aquí es donde entran las redes sociales: no paramos de ver la vida de otras personas, o, mejor dicho, un espejismo de la vida de otras personas.
El mecanismo funciona de esta forma:
Fulanito se va de viaje a Tailandia (porque su primo fue el año pasado y le dio envidia). Hace 1500 fotografías y disfruta del paisaje tailandés a través de su iPhone 26 Pro-Max Ultra Máster. Luego llega al hotel y sube las mejores fotografías donde parezca que está viviendo la aventura de su vida.
Menganito, que es amigo de Fulanito y lo sigue en redes sociales, está en su casa del pueblo pasando las vacaciones. Podría ir a pasear por el pinar que tiene al lado, pero prefiere quedarse en casa usando el teléfono. Entonces le saltan las imágenes de Fulanito en Tailandia, de Miguelito en Australia y de Antoñito escalando el Everest. Y piensa "joder, todo el mundo viajando y haciendo cosas chulas y yo aquí pringado, vaya mierda de vida. Pues quiero irme a algún lado".
Y así es como se mcdonalizan las experiencias y los viajes. Solo nos interesa poner una banderita más de los países en los que hemos estado en el perfil de Instagram. Viajamos para completar listas de "10 sitios a los que viajar antes de morir", no porque nos llame la atención su cultura o la sociedad, sino porque otra mucha gente ya ha ido antes. No nos molestamos ni en conocer la historia del lugar, y el objetivo es ver la ciudad cuanto más rápido, mejor, y así podemos ir a la de al lado.
Nos interesa el vídeo del kayak en esa playa paradisíaca, aunque nadie entienda por qué nos llevamos el móvil en lugar de remar y bucear (y verás tú, que encima se me cae al agua). La puesta de sol que sale detrás de mí en la foto es preciosa, pero me la perdí porque repetí la foto 8 veces.
El FOMO no solo nutre a Instagram o TikTok, también se ceba con estratos más intelectuales de Internet, como el propio Substack. Ya son varios los artículos que leo donde se defiende que la juventud es para vivir experiencias, cuantas más mejor, y que ya habrá tiempo de sentarte en casa cuando seas viejo (adornado con una ristra de fotos en playas remotas y escalando montañas lejanas).
Ojo a esto. Si no vives muchas experiencias, es que no estás siendo joven. Y si eres viejo, a casita, a asar castañas en la lumbre. Si no has viajado antes, pues ahora a joderse con la ciática.
Todo esto manda peligrosos mensajes y genera insatisfacción continua en la gente que todavía no sabe quién es o qué quiere en la vida. Incapacidad para sentarte tranquilamente a leer un libro, a ver una buena película sin coger el móvil, a pasar un rato en pareja. A simplemente estar. Parece que necesitamos estimulación constante y aprovechar cada minuto de ocio y de vacaciones para divertirnos lo máximo que podamos. Porque divertirse es la nueva esclavitud social. Fun or die.
Creo que es momento de sincerarnos y asumir que la vida no es una aventura, que la mayor parte del tiempo no es un espectáculo (ni debe serlo), y valorar de verdad cuando salgamos ahí fuera. Que nuestros antepasados tuvieron vidas con menos posibilidades que nosotros. Y que un exceso de opciones sin control da lugar a una histeria colectiva.
Porque, como dijo Blaise Pascal,
Todos los problemas de la humanidad provienen de la incapacidad del hombre para sentarse tranquilamente en una habitación.





Totalmente de acuerdo.
Antes, lo difícil era tener un feed perfecto o una cuenta con muchos seguidores. Hoy, lo realmente complicado es encontrar a alguien capaz de, como bien defines, simplemente estar.
Gracias por la entrada!